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Hace 21 años una telenovela del debutante libretista Julio Jiménez paralizó al país. El galán era Ronald Ayazo un locutor de radio de Medellín, y sus compañeras eran Judy Henríquez y Lucero Galindo, dos jovencitas que, en la novela, se disputaban el amor de un enigmático caballero. Sólo su mayordomo, Hernando Casanova, sabía que el amo escondía una catalepsia que lo exponía a que cualquier día lo enterraran vivo. La historia era tan cautivante que ejecutivos, empleados y amas de casa por igual, olvidaban sus obligaciones justo a las 8:00 p.m. cuando comenzaba El Caballero de Rauzán. Pero lo que nadie se imaginaba era el trajín que detrás de cámaras soportaban los realizadores, comandados por Bernardo Romero, para hacer posible la telenovela: un camión ubicado frente a los estudios de Gravi surtía el bosque que por el exceso de luz arrojaba matas muertas cada media hora. Cuando al Caballero se le ocurría salir de paseo en medio de un aguacero el estudio terminaba inundado y dejaba a los actores con tremendos resfriados. Cada explosión retrasaba varias horas la grabación pues no era posible trabajar hasta evacuar el humo del salón, y los elegantes paseos en carrozas del galán se reducían a una carpa ubicada detrás de los personajes, quienes se sacudían durante toda la escena mientras decían sus parlamentos. Los reconocimientos a tan abnegada labor llegaron por cantidades y la novela barrió con todos los premios de la época, incluyendo el más importante el "Antena de la Consagracion",que recibío todo el elenco de manos de Fernán Martínez a finales de 1979, en Medellín. Todo fue gloria por aquella época para la tercera novela de Jiménez. Tal vez por eso , 21 años después, RTI se empeñó en revivirla, Y en eso está. Las nuevas escenas ya se están grabando pero mientras todos se ocupan de ellas, Ese es su legado para el segundo en la dinastía de los Caballeros de Rauzán, lo demás es un posco más terrenal:"Hijo te dejo mis bienes, mis mujeres y mis obligaciones. No te dejes llevar por los impulsos de la juventud y sobre todo en tu noche de bodas ármate de paciencia porque el matrimonio se consumará hasta el día siguiente, esa noche estarás muy ocupado desbaratándole el vestido a la novia'.

EL CABALLERO DE RAUZAN II

Puede parecer obstinado pero desde el día en que RTI propuso hacer una nueva version de El Caballero de Rauzan . Julio Jiménez se empeñó en que Osvaldo Ríos fuera el protagonista. Y es él.. Hace poco más de dos meses está grabando las escenas de esta telenovela que él llama un producto ganador. "Julio es uno de los mejores escritores de Latinoamérica y si a eso le sumas un muy buen equipo de producción y un elenco que está haciendo bien las cosas tienen una oferta fascinante". Ríos piensa como empresario. Por eso cree que su socio, RTI, vuelve a tener después de La Viuda de Blanco ,- novela qué; "él protagonizó- una gran oportunidad comercial que ahora, igual que hace 21 años, será un éxito. Su primera razón para asegurarlo es científica: "El amor es una ley univer- sal que rige el inconsciente colectivo, está en la memoria genética de todos los seres humanos y cuando se alude a un arquetipo tan fuerte como ese, necesariamente la gente los recibe". La segunda tiene que ver con una experiencia que tuvo en Chiapas, México, cuando un colombiano al que conoció accidentalmente, le habló maravillas de la novela que protagonizó Ayazo y le reafirmó que era una gran historia. Por ahora Ríos está feliz vistiendo elegantes trajes de finales del siglo XIX, documentándose sobre la catalepsia y esperando que esta novela sea el hit de este año.

CROMOS prefirió ser testigo de excepción de la curiosa sucesión de nombres, bienes, mujeres y hasta deudas, de El Caballero de Rauzán I (Ronald Ayazo) a El Caballero de Rauzán II(Osvaldo Ríos)

EL CABALLERO DE RAUZAN I

En la primera prueba del vestido Ronald Ayazo se sintió perfecto, la capa pesaba igual que en el 79 y todo, excepto las locaciones, era muy parecido a su Caballero de Rauzan. Ya no recuerda el final de la novela pero sabe que se casó con el personaje de Lucero Galindo y que siempre estuvo enamorado del que hacía Judy Hernríquez. Eso y los sorpresivos ataques de catalepsia de su personaje es lo que más recuerda. "Me leí un diccionario de neuropsiquiatría para entender la enfermedad y como necesitaba verme realmente muerto, tuve que aprender a controlar toda la expresión de la cara para soportar los primeros planos que quería Fabio Camelo, el director"Ayazo, o Rauzán I, asegura que la novela era exitosa por dos razones: "Porque para la época era una superproducción y porque en vez de fijar la atención en el romance lo hacía en el misterio de la enferme-dad y eso era sensacional, era diferente a las clásicas novelas mexicanas. El sabe que las comparaciones entre las versiones son inevitables pero cree que en este caso serán favorables porque "la gente que la vio hace 20 años se la va a recomendara esta nueva generación y eso ya es un aval."

EL GRAN CABALLERO

Julio Jiménex hizo todo el trabajo de prensa que pudo hace 30 años cuando apenas arrancaba en este oficio. Por eso ahora prefiere dejarle ese trabajo a quienes le dan vida a sus libretos. Pero esta vez, y en vista de la insistencia de sus nobles Caballeros, hizo una excepción. Sin embargo, no tiene mucho que decir acerca de la nueva versión de uno de sus clásicos. Sólo que hace algunos años adaptó un cuento de Felipe Pérez, que le confió su trabajo a Bernardo Romero y que ahora se limita a supervisar los libretos. Está en su año sabático y planea viajar a Estados Unidos, Madrid y Marruecos antes de volver a lo que él llama "el carcelazo": más de 18 meses escribiendo sin asistentes, una nueva novela. Así que para conocerlo hay que acudir a otra de sus facetas y la de crítico es lo mejor: Jiménez se queja de la falta de carácter y hasta de voz en los actores jóvenes, de los problemas para encontrar un buen director, de las infulas de "estrellas" que tienen quienes trabajan en televisión y hasta del país. Cree que los colombianos "somos envi- diosos, indiferentes, conformistas, faltos de solidaridad y personas sin memoria". Y asegura que "tenemos lo que nos merecemos por soportar a tanto cínico que con escribir un libro y sonreír lo arregla todo. Jiménez es el poder detrás del trono. Es el creador de una dinastía de Rauzanes que hoy, después de dos décadas, se mantiene vigente